The crimson petal and the white
Sugar tiene diecinueve años y ejerce la prostitución desde los trece, cuando su madre introdujo a uno de sus clientes en su cama. William Rackham es un caballero de treinta y un años, educado en Oxford, condenado a suceder a su padre en la industria familiar, pero que siempre ha deseado llevar una vida de goces intelectuales. Está casado con la hermosa Agnes, a la que ama, aunque ella odia el sexo y abomina de la maternidad. Y un día en que William se siente más iracundo que nunca, cae en sus manos un folleto donde recomiendan el prostíbulo de la señora Castaway, y elogian a su pupila Sugar. La jovencita seduce a William. Y él decide no compartirla con nadie, aunque tenga que optar por la empresa de su padre, y dividirse entre el pétalo carmesí y el blanco… Versión posmoderna de la novela victoriana, es también una apasionante indagación en el enigma de la femineidad.
Este texto que copio íntegro es la sinopsis del libro Pétalo carmesí, flor blanca, nombre de la novela de Michel Faber y principal argumento de la miniserie homónima de la británica BBC emitida en abril de este mismo año.
Tras un primer contacto, el primero de los cuatro episodios que dura la miniserie, me ha gustado bastante. No mentiré si digo que no está entre las mejores miniseries que he visto en el piloto, y que seguramente en unos meses diré: “había una miniserie de la BBC que no estaba mal, aunque no recuerdo el nombre.” demostrando mi ignorancia sobre la literatura británica…¡qué le vamos a hacer!
Nos encontramos ante una obra que, como dice en la sinopsis, podría ser cercana a las clásicas novelas de Dickens, principal valedor de la época victoriana pero sin la censura de esos momentos, desgranando y criticando a una masa social en plena efervescencia industrial, política y económica. Es por ello que recrear la capital inglesa a comienzos del siglo XIX se antoja el punto más importante de la adaptación televisiva. Las estrechas calles de los barrios más pobres, la oscuridad y neblina que impera en una ciudad como Londres y el contraste de barrio pobre – barrio rico donde viven los dos personajes principales causa con impresión una grata sensación de realidad.
A partir de ahí, la historia toma un aspecto entretenido. Tiene esa velocidad pausada de las miniseries donde no se quieren hacer muchas cosas en poco tiempo, sino más bien contar poco, pero bien, de unos personajes circunstanciales, con ideas muy contrarias por vivir en distintos mundos y objetivos totalmente opuestos ante una misma situación: sexo sin amor aparente. En los siguientes episodios veré en lo que cada personaje se convierte ante esos sentimientos, pero de inicio Sugar, la prostituta, no es más que una víctima de su situación mientras que William sólo actúa egoistamente por impulsos.
Mucho sexo, rozando lo explícito en ocasiones, pero estamos hablando de un burdel de la época industrial, no del todo agradable que el realismo de la obra requiere y nosotros agradecemos. Si estáis pensando en ver algo corto, que os entretenga y que sea de época en la sociedad inglesa, he aquí una miniserie que aconsejo. No os defraudará si eso es lo que buscáis. Aquí os dejo un enlace para que podáis verlos sin tener que buscarlo y tras el salto podéis ver el tráiler de la miniserie.
Glee aprovecha su género
Eres tu género y de tu género te beneficiarás. Una frase con mucho de verdad, aunque no en el sentido que estáis pensando pillines.
La serie Glee, franquicia sin duda de una Fox venida a menos, no para de hacer lo que haga falta para ganar dinero a costa de sus incondicionales. La serie es una serie de culto, con todo lo que eso significa: fans dispuesto a cualquier cosa por verlos, compras masivas de merchandising, locura en cada capítulo y muchas conversaciones sobre lo que ocurrió, ocurre y ocurrirá a medida que se emite la serie.
Convertir una serie en “de culto” no es fácil, tienes que saber definirte bien. Soy de la teoría de que TODOS somos frikis, de lo que sea, pero frikis. Si algo nos gusta mucho centramos prácticamente toda nuestra mente para olvidarnos de lo que nos gusta menos y llegamos a obsesionarnos de alguna forma con ello. Algunos con Glee, otros con la tecnología y otros con los toros y la semana santa, de esto nadie se escapa!
Las series de culto consiguen que un determinado tipo de personas, con unos gustos específicos sobre un tema, se vuelquen tanto con la serie que las expectativas y los detalles se toman en una consideración tan grande, con un poder mediático tan imperativo, que mueve a esas pequeñas (o grandes) masas hacia donde lo desean.
En este aspecto la serie Glee, con su género musical por bandera, tiene un arma todavía más poderosa que el resto: la música. Con ella siempre es mucho más fácil hacer llegar lo que queremos transmitir y las palabras se quedan cortas. Pero claro, no sólo sirve para fidelizar a la audiencia, también tiene un poder mucho más lucrativo. ¿Que queremos meternos en el negocio de la música? “Tenemos un montón de fans que conocen las canciones y aman a los personajes, ¿por qué no? Dinero, dinero, dinero.” ¿Y qué me dices de una gira de conciertos? Por supuesto que sí! ¿Y una peli? “Eeeehhhh bueno…” y desde el departamento de Marketing empezaron a pensar…

La fox ha confirmado una película de Glee en 3D a las órdenes de su guionista Ryan Murphy. Siento desilusionar a
los que estéis pensando en una película como un capítulo largo donde se explique algo más sobre algún personaje, donde dejen alguna bombita en forma de canción o nuevo personaje, pero no tiene nada que ver eso. Harán lo de siempre, RENTABILIZAR. El 21 de mayo comenzará su emisión en los cines EEUU y el Reino Unido, con dos semanas de duración y el nombre de Glee live 3D!
Si no tienen bastante con la venta de discos, DVDs y BlueRays, merchandising, gira de conciertos y lo que de por sí genera la audiencia con su emisión en la cadena, ahora sacarán sus conciertos en el cine. ¿Qué quiero decir con eso? Pues que los que no puedan ir a alguno de sus conciertos podrán pagar 10 euros y verlo en falso directo (un directo ya grabado) y en 3D, tal como hicieron los pioneros U2 en su día con U23D pero con canciones de Glee.
Como estrategia de marketing es indudable su efectividad, ahora bien, los fans se podrían sentir un poco “mosqueados” de tanto vender y vender. Por cierto, ¿alguien podría decirme qué tal se ha desarrollado el argumento? Terminé la segunda temporada y en mi mundo desapareció completamente…
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Treme anda algo flojo

Y eso no me gusta en absoluto.
Una de las series que más me impresionaron el año pasado fue esta auténtica maravilla, una vez más, del gran David Simons. He estado esperando como agua de mayo que volviese la segunda temporada tras una primera que, aún siendo mejorable en muchos aspectos, sigue siendo el sello Simons el que lo hace todo de tanta calidad.
Tras una primera temporada dubitativa en cuanto a audiencia, estamos ante ese tipo de series que sólo somos unos pocos los que sabemos disfrutarla. No es buena, es buenísima, aunque no tenga esos parámetros que hagan que sea muy vistosa o muy comercial. La música, los personajes, el argumento tipo documental… todo es bueno en Treme.
¿Qué le hecho en falta? Bueno, no es The Wire, ni en el contenido ni en su potencial, y eso se nota mucho en la velocidad. Si rodar una serie casi como un documental, donde tan importante es lo que muestran como lo que se intuye, supone un problema si el contexto no es muy dinámico. En The Wire, conocer el mundo de las drogas de una forma tan realista daba más juego para improvisaciones, para cambios, muertes repentinas o acciones políticas y policiales.
En el caso de Treme no es tan jugoso todo. La música acapara prácticamente todo el mundo de Nueva Orleans y sus confrontaciones son más básicas, más de la calle y la sociedad pobre. No existe una representación política que te haga vibrar e intentar personificar ese poder; la policía es un mero personaje al que recurrir cuando interesa, pero no tiene el peso que debería tener en un contexto de esa magnitud. Sólo la parte más social, la del ciudadano que intenta sobrevivir a una catástrofe de esa índole y lo que la música representa en sus vidas para salir adelante es lo que hace de Treme una serie para unos pocos.
605.000 espectadores en la premier de esta nueva segunda temporada, una auténtica bofetada a un trabajo bien hecho pero que la HBO conoce demasiado bien para preocuparse. Hay cadenas que sólo se permiten tener trabajos más comerciales, que den dinero con la audiencia y una calidad de puro entretenimiento. La HBO, al menos de momento, sabe que muchos productos de calidad innegable no están hecho para la masa común, sólo para los más exigentes. La cadena no podrá rentabilizar mucho el producto Treme, pero podrán decir con la boca bien ancha que en su parrilla tiene una de las mejores series del momento.
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Comedia española de retrete
Buscando algo de información sobre los profesionales vinculados a la serie de Los quien, nueva serie de Antena 3 con Javier Cámara a la cabeza, me he estampado con un post de Alberto Rey (muy recomendable su blog Asesino en Serie del diario El Mundo) donde hacía una crítica muy clara y totalmente fiel (al menos para mí) de la realidad en lo relacionado a la comedia española.
Al igual que Alberto, en este blog no intento poner cotas a este maravilloso mundo de las series televisivas y crear dos universos paralelos donde hablo, por un lado, sobre las producciones extranjeras y, por otro lado, callo sobre las españolas; no es así en absoluto. El problema acaba siendo una realidad de las series españolas de hoy y prácticamente de siempre: el dinero.
Ya no hablo de los guionistas o actores porque, como en muchos otro sectores, existe gente buena y gente mala que cada uno tratará de analizar por su cuenta. Más bien me refiero a esas productoras que no conciben un producto de una rentabilidad media que pueda expresar con orgullo que es un buen producto. No sé si fue antes el huevo o la gallina, no sé cuándo comenzaron las productoras a hacer este tipo de series con formatos calcados y los españoles nos hemos amoldado a ello para ahora demandar prácticamente lo mismo o quizás fuese realmente que los españoles hemos ido pidiendo este tipo de series de tan baja calidad creativa, pero lo que está claro es que dice muy poco de nosotros, de lo que exigimos y lo que estamos dispuestos a tratar como nuestro.
Los quien, una auténtica burda copia del montón, nos gusta. Hablo en plural porque me siento parte del problema en que vivimos. Si nos alejamos del género de las comedias el 90% de las series que veremos serán del estilo “de época”: bajo presupuesto en decorados, vestuario y línea argumental muy básica. En las comedias se llega a las cotas más altas de rentabilidad “de cuarto de baño”. No importa el producto mientras se venda. Tenemos tendencia a explotar algo que vende hasta la saciedad, desde los actores hasta los realities, pero todo tiene un límite.
Fijaros que sólo me he dignado a hablar en los últimos meses de la serie Crematorio, una serie con un presupuesto digno y una intencionalidad que va más allá del típico producto español malo. Al menos se intenta hacer algo de calidad y se agradece y aplaude por ello. Ahora que uno quiere hablar de una serie española nueva te destrozan como siempre, recordándote que digas lo que digas, hagas lo que hagas, las productores seguirán sacando pequeños excrementos parecidos para pasar el rato después de cenar mientras uno intenta pensar que los análisis de lo que se emite en otros lugares del mundo sí que merecen la pena para comentar.
No hablo de comparar, los americanos están en otra liga, pero no vendría mal un batacazo en los niveles de audiencia para que empiecen a tratarnos con respeto, porque lo que nos ponen es de auténtica vergüenza para que se sigan lucrando con unas de las mayores tasas de publicidad por hora en Europa.
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Cerrando puertas
Muy bien por la Fox y muy bien por Fringe.
Para los que aún no se hayan enganchado a esta serie no os preocupéis, aún hay tiempo. El viernes pasado comentaba con ilusión el cierre de la tercera temporada de esta interesante serie de JJ Abrams (creador de Perdidos) y a mí personalmente no me ha defraudado.
La serie, tal como comentaba y sin caer en Spoilers, estaba siendo una auténtica comedura de cabeza para la cadena Fox y su baja pero fiel audiencia cantaban al unísono por su renovación. Finalmente se decidió darle la oportunidad, otra vez más, de seguir demostrando que tiene cuerda para rato. Y lo están consiguiendo!
El “efecto Perdidos” siempre rondará por la cabeza de aquellos que recibieron con uñas y dientes el final de la serie (cosa que respeto y no comparto en absoluto) y claro, tener en Fringe un hermano gemelo sobre preguntas sin contestar, se puede ver como un timo de grandes proporciones. El viernes no pasó nada de eso. No caigo en spoilers si digo que, sin contestar a preguntas que nos han planteado en muchos episodios, sí que cierran algunos puntos básicos para continuar con una historia menos difuminada en el objetivo principal.
Las series de ciencia ficción te ofrecen dos posibilidades, y sólo dos: o te lo crees o no te lo crees, o lo que es lo mismo, delimitar los límites de lo que es real y lo que no. Hay personas con más fe y realmente quieren creer que podría llegar a ser realidad lo que les cuentan o los que no se creen absolutamente nada de lo que ven, ni por activa ni por pasiva.
Las series de Abrams no tratan que acabes creyendo que una realidad como él propone pueda ser cierta, eso lo creamos nosotros mismos. Cuando una persona lee una novela o ve una película de ciencia ficción no está pensando en que realmente existe un mundo llamado “Oz”, “Narnia” o “Mordor”, todos damos por sentado que no existen. Luego pueden decirnos que hay espantapájaros que tienen vida, leones que hablan o un anillo que te hace invisible. En la ciencia ficción nada se discute, todo nos lo creemos y jugamos con esas instrucciones que nos dan.
¿Por qué con Perdidos, y ahora con Fringe, tendemos a hacer lo contrario? Tendemos a pensar en ellos como un drama, una historia con principio y fin que está tan difuso con nuestros conocimientos e ignorancia sobre el alcance en la materia que creemos realmente que podría pasar algo de lo que nos propone. Esto no es un CSI, que con lo poco que sabemos de las herramientas de los forenses pueden llegar a resolver casos en ocasiones inverosímiles. Nos lo creemos porque son muy convincentes en sus propuestas y podría tener sentido, nada más.
¡Ése no es el planteamiento! El que quiera creer que todo lo que pasa es por una razón seguramente se dé con un canto en los dientes. Si hay un tío calvo en Fringe que controla el tiempo o algo así, me lo creo; si hay una persona capaz de dejar su alma en un instrumento y que se meta en el cuerpo de otra persona, me lo creo; y si me ponen un mono que con una mezcla de jabón y soja se convierte en el mejor policía de Seattle me lo creeré también.
Sino pues es mejor coger el camino de no creérselo, cerrar la puerta y no ver ciencia ficción. En eso consiste este gran género televisivo ¿no?





